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lunes, 27 de julio de 2009

OJOS ESPAÑOLES Mis raices y el exilio

Uno cree que sabe todo de si mismo. Ostenta máscaras, títulos y apellidos durante años sin entender realmente "quién" o "qué" se es (aunque se autoengañe contando lo contrario).

Como actor he enfrentado retos maravillosos; personajes que se alejaban diametralmente de mi vivencia y mi concepción del mundo. Ahí radica el juego maravilloso de "interpretar": intentar ser otro que no se es... o simplemente mimar la parodia de un arquetipo asimilado por las neuronas y admitido sin más por la costumbre del intérprete de las mil máscaras que "juega" a ser otro... arriba y abajo del escenario...

El 20 de mayo de 2006 estrenaba
"Litoral" de Wajdi Mouawad, "en mi país natal" (como diría el personaje "Tomás" en la obra), bajo la dirección de Hugo Arrevillaga.
Una historia que habla del EXILIO. Un padre que muere en tierras ajenas a su patria por causa de la guerra. Un hijo que se da a la tarea de devolver el cadáver en descomposición de un padre que no conoció, para enterrarlo en esa tierra natal llena de recuerdos felices y amargos de la guerra. Un viaje solo de ida hacia el encuentro de la propia identidad.

Entonces me tocó representar a ese padre. Y que difícil es hablar con verdad sobre un exiliado de la guerra en un país al otro lado del mar... ¡una realidad que creía bastante lejana de la mía!
Representar a un padre desconocido por su hijo que narra extemporaneamente sus desdichas y sus alegrías, sus lágrimas y sus nostalgias a un hijo que solo conoció la versión de las tías maternas que le hablaron mal de él toda su vida... (una realidad más cercana a mí, pero donde el papel que me correspondió en la realidad no fue el del padre, sino el de hijo)
Y algo que parecía aún más lejano que todo lo demás: Una madre muerta, unas cartas, una historia contada a medias.


Pero entre toda esa "irrealidad" siempre encontré algunas claves diafanas y universales: "(...) casi siempre estaba el mar, pero siempre había amor... mucho amor..." "(...) justo después de las risas y los llantos, las pérdidas, los gritos ; justo después está el Litoral y el mar abierto que se lleva todo..."
Nunca me hubiera imaginado que en realidad todos estos conceptos que descubrí en la ficción tenían que ver conmigo mucho más de lo que yo pensaba.

La semana que pasó, un hecho casi mágico (o una cadena de ellos) me harían comprender que tal vez mi interpretación en "Litoral" fue construida con una intuición ignorada de mi propio pasado.

Siempre tuve cierta vaga idea del origen de mi abuela paterna. Hija de exiliados, española, madrileña y poco más. No la ví muchas veces en mi vida, y la mayoría de ocasiones era yo un bebé, por lo cual todo recuerdo se vuelve más inasible. Recuerdo bien -eso sí- una visita a su casa siendo yo adolescente. Una mesa que me parecía enorme y mi madre charlando horas y horas con su suegra.
Mi abuela era muy bella y sonreía. "Sois muy majos" nos decía a mí y a mi hermano mientras nos acariciaba con ternura la cabeza y las mejillas y nos daba besos.

Pasaron los años y nunca la volví a ver. Murió prematuramente a los 64 años.
Pero si volví a ver a la madre de mi abuela -ya muy mayor- en la ciudad de Querétaro. Recuerdo su dulce coquetería al recibirnos, quería estar muy arregladita para ver a sus bisnietos, muy peinadita, a pesar del fino y escaso cabello que cubría su cabeza. Sus cejas muy bien pintadas... y su mirada... la mirada de quien ha vivído mucho, mucho, mucho...

MI BISABUELA CARMEN PARDO DE ARRIBAS EN 1930
(Archivo familia Arribas Pardo)
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En esa visita comencé a tener otras nociones de mis raices. Comprendí un poco más lo que significaba "exilio". Escuché a mi bisabuela entonar emocionada La Marsellesa y contar anécdotas de una estancia azarosa en Francia antes de zarpar en barco rumbo a México. Vagamente recuerdo haber escuchado algo acerca de su padre, mi tatarabuelo. Un hombre de barba y traje militar de gala, que posaba orgulloso en un portaretratos colocado en un sitio privilegiado de aquella habitación. Algunas veces, en los años que siguieron, llegué a tararear aquello de: "¡ay que bonita espada de mi abuelito el coronel! / deja que me la ponga y entonces dime si asi era el"... pero el sentido era ya distinto; la canción no me hablaba de la misma forma que cuando -de muy pequeño- la escuché por vez primera. Ahora me despertaba la emoción y curiosidad encerradas en su primer verso: "Dame el llavero abuelita y enseñame tu ropero..." Durante años esperé sin saber bien qué. Por temporadas olvidé aquella historia y decidí archivarla como un cuento infantil de mi memoria.
La vida me trajo y me llevo entre España y México varias veces. De vez en cuando regresaba la canción maravillosa de Cri-Cri a mi memoria: "Dáme el llavero abuelita, y enseñame tu ropero / con cosas maravillosas y tan hermosas que guardas tú..."
El 22 de julio de 2009, la llave del ropero de mi abuela llegó a mi de la mano de una tía que aún no conozco en persona, pero que ya empiezo a querer como si siempre hubiese estado ahí. Tal vez siempre estuvo... también sus hermanas.
Aquel ropero por fín se ha abierto, y ha resultado ser una caja de Pandora...

El 27 de julio de 1939, hace -hoy- exactamente 70 años, atracó en el puerto de Veracruz el vapor "Mexique" de la "Compagnie Générale Transatlantique".

No se trataba de un viaje de placer. Era el segundo que aquel barco realizaba a México con víctimas de la
Guerra Civil Española a Bordo. La primera travesía, en junio de 1937, había traido sanos y salvos a los hijos de los combatientes republicanos conocidos como
"Niños de Morelia". En esta ocasión, tanto adultos como niños llegaban con la esperanza de reahacer sus vidas... y tal vez volver muy pronto a una España en paz.
Entre las familias que descendieron del barco había una niña de 14 años y mirada hermosa a pesar de lo vivído: María. Hija de Pepe, un republicano salmantino que hacía caricatura política en el periodico "El Socialista" y Carmen, ama de casa, hija de un condecorado capitán de fragata, nacido en el Ferrol y heroe de la guerra en Filipinas... "¡ay que bonita espada de mi (tatara)abuelito el coronel! / deja que me la ponga y entonces dime si asi era el"...
MI TATARABUELO ÁNGEL PARDO Y PUZO
(Archivo familia Arribas Pardo)

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En solo tres días y gracias a mis tías y mi prima obtuve información suficiente como para comenzar a reconstruir una parte desconocida de mi mismo. Internet y la biblioteca de mi barrio aportaron otro tanto.
Hoy hago un homenaje conmovido a esa niña de catorce años que debe haber abierto maravillada los ojos al descubrir el trópico mexicano, sus frutas exóticas, su música y su gente. A esa niña que inició una nueva vida al otro lado del mar y que tal vez nunca imaginó que setenta años después tendría a un nieto mexicano observando maravillado la Puerta del Sol en Madrid y encontrando un nuevo significado a su propia vida "...a los niños en estos tiempos los mismos cuentos les gusta oir"

Pero este cuento pertenece también al gran cauce de la otra historia, la de todos, la de México, la de España y la del mundo. Por eso hoy dedico esta parte de mi descubrimiento personal a todos aquellos que han sufrido el exilio, la carcel o la muerte por causa de las absurdas guerras, a los que sufrieron el horror en ambos lados, a los que se fueron y a los que se quedaron.

En particular un abrazo cariñoso a esa familia que el destino alejó de mí; y otro fuerte y fraternal abrazo a todos los descendientes de los pasajeros del "Mexique". A aquellos que hace setenta años, después de librar los campos de concentración fascistas y los submarinos alemanes entraron a salvo en el Golfo de México.
Tal vez mi abuela compartió juegos y esperanzas con los tuyos, en altamar, en la incertidumbre, en la ruta del exilio...


HOJA DE IDENTIFICACIÓN DE MIS BISABUELOS Y MI ABUELA
EXPEDIDA POR EL CONSULADO MEXICANO EN FRANCIA
(Archivo General de la Nación / Instituto Nacional De Migración)

viernes, 14 de septiembre de 2007

video de la obra F51.4 MACBETH II

Debido a ciertos problemas con Blogger no he podido incrustar el video de la obra F51.4 MACBETH en la entrada anterior, así que he creado esta nueva.

EL RITUAL DE MCDUFF
Para la construcción interior de mi personaje partí de una escéna que trabajamos en los ensayos. El director me propuso un "ritual" de preparación para enfrentar a Macbeth. Yo trabajé con la idea de "purificación antes de la batalla". Con cadenas de movimiento, equilibrio precario, oposición y riesgo (usaba una hacha real con filo), fuí armando una secuencia. Decidí hacerlo desnudo, tanto para mostrar la metáfora de la fragilidad de McDuff como para vulnerarme como actor y aumentar mi estado de atención y concentración. Potenciando la relación entre la palabra, mi psíque y la imágen, añadí un texto del gran poeta peruano César Vallejo:

“(...) Pero antes que se acabe
toda esta dicha, piérdela atajándola,
tómale la medida, por si rebasa tu ademán; rebásala,
ve si cabe tendida en tu extensión.
Bien la sé por su llave,
aunque no sepa, a veces, si esta dicha
anda sola, apoyada en tu infortunio
o tañida, por sólo darte gusto, en tus falanjas.
Bien la sé única, sola,
de una sabiduría solitaria.
En tu oreja el cartílago está hermoso
y te escribo por eso, te medito:
No olvides en tu sueño de pensar que eres feliz,
que la dicha es un hecho profundo, cuando acaba,
pero al llegar, asume
un caótico aroma de asta muerta.
Silbando a tu muerte,
sombrero a la pedrada,
blanco, ladeas a ganar tu batalla de escaleras,
soldado del tallo, filósofo del grano, mecánico del sueño.
(¿Me percibes, animal?
¿me dejo comparar como tamaño?
No respondes y callada me miras
a través de la edad de tu palabra).
Ladeando así tu dicha, volverá
a clamarla tu lengua, a despedirla,
dicha tan desgraciada de durar.
Antes, se acabará violentamente,
dentada, pedernalina estampa,
y entonces oirás cómo medito
y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida,
y entonces olerás cómo he sufrido.”


Se trataba no solamente de una lucha de auto-afirmación por el miedo que experimentaba en su fragilidad al tener que enfrentar al tirano, sino también una dulce despedida de su amada Lady McDuff (Alicia Gómez), en el acto de ser lavado y vestido por ella antes de su partida, pues presienten que unca se volverán a ver.

Sin duda, éste fué uno de los trabajos que me han llevado más lejos en la investigación de mi mismo en relación con la construcción de un personaje y el riesgo de exponerlo en escena.

Ahora sí, el video:

lunes, 10 de septiembre de 2007

video de la obra F51.4 MACBETH

En septiembre de 2003 estrené con la compañía LOS CAFIOLOS en Madrid esta adaptación del clásico shakespereano en una versión muy sui-generis. El argentino Gabriel Molina (director y también psicólogo), nos propuso desde el principio una atmósfera oscura donde todos los personajes han pasado a un estado de insomnio a partir de la hibris del tirano Macbeth tras usurpar el poder derramando sangre.
El título "F51.4 MACBETH" denota el carácter de una psicopatía identificada en el código psiquiatrico internacional bajo el índice F51.4 como "terrores nocturnos". Los individuos que sufren de este mal presentan dificultades para dormir y constantes alucinaciones que terminar por destruir la capacidad de descanso. En base a esta idea armamos el carácter de cada personaje. El reino está en vela y el único remedio será aniquilar el "hechizo" que se ha posado sobre Escocia junto con la llegada de Macbeth al poder.
Las armas de los guerreros eran objetos punzocortantes cotidianos (hachas, cuchillos, hoces, trinches etc.). Elementos cercanos a cualquier ciudadano común, denotando así la peligrosidad o el "doble filo" subyacente en la psique de todo ser humano ("freudianismos" aparte).

Para el vestuario, trabajamos con propuestas colectivas y sugerencias de la vestuarista Kenza Benani, aunque más tarde fuí yo quien dió una línea definitiva a las vestimentas (sobre todo las de los personajes masculinos). Habíamos hablado de la estética decadente que deseabamos, pero necesitabamos también un punto que nos acercara a lo contemporáneo sin rozar en la obviedad. Decidimos trabajar con cuero, así que durante semanas fuimos recopilando prendas usadas de este material. Veíamos el riesgo de parecernos a otras propuestas ya muy usadas (p.ej. MAD MAX o STAR WARS) en donde se conjuntan simbolos y diseños facilmente reconocibles por el subconciente. En este punto decidí estudiar los trajes tradicionales de los guerreros escocéces de la época. Con esa inspiración tomé una vieja chaqueta de cuero que me regaló mi amigo Ricardo el día que salí de Barcelona para buscarme la vida en Madrid. Se trataba de un objeto entrañable para mi por todas las implicaciones que tenía, por haberme acompañado en las primeras y difíciles semanas de mi llegada a esa ciudad cuatro años atrás. Sin desdeñar el diseño original de las piezas, fuí descosiendo cada parte, dejando solo uniones en ciertos lugares para transformar la vieja chaqueta ochentera en una casáca de guerra. Los brazos terminaron por ser la parte alta de unas botas o espinilleras que prolongaban el calzado hasta las rodillas, cosidas sobre las piernas de un pantalón verde olivo de corte guerrillero (otro antiguo compañero de aventuras) y que daban a mi personaje (McDuff) un cierto aire de rebeldía, en contraste con el ajustado pantalón vaquero color granate de Macbeth (Agustín Tomás Soria) y las chaquetas transformadas tanto de éste como de Banquo (Jordi Aguilar), en color negro.

Para mí fué una gran satisfacción el descubrir como se podía resignificar un ropaje de la vida cotidiana en un vestuario teatral que pareciera ser de una época perdida en el tiempo. Aún conservo la parte de arriba de mi "traje de guerra", así como el broche que sujetaba el cierre del cuello, consistente en una pieza de latón que formó parte de un cinturón de mi ex-compañera Itzel, y con el cual también armé parte de la historia de mi personaje. Cuando estudié los vestuarios de la época y posteriores, me enteré que los hombres que partían a la batalla, aún siendo pobres, procuraban llevar consigo un botón de oro, para -en caso de perecer en el combate-, ser trasladados a su tierra y enterrados dignamente, sufragando los gastos con dicho botón. Así fué como surgió la idea de proveer a McDuff de este broche.

La metáfora de la transformación de mi ropa antigua y gastada en la vestimenta de un guerrero, me dió un impetu muy peculiar que se fué convirtiendo durante los ensayos en el eje de la estructura externa de mi personaje. Un aparentemente débil vasallo (frágil, delgado como mi constitución), terminaba por ser el motor de la rebelión, secundado por el hijo del Rey asesinado, Malcolm (Iñigo de la Iglesia).

En breve les ofreceré el video de mi participación en esta producción.

viernes, 7 de septiembre de 2007

video de la obra LITORAL

Hola:
Aquí estoy de vuelta, después de un mes sin publicar.
La verdad es que mis últimos días en la "madre patria" fueron muy activos. trabajando, visitando amigos, renovando vínculos.
De vuelta a casa me encontré con que las lluvias habian arrasado con la última impermeabilización del techo de la habitación de Aleyda, así que tuvimos que poner manos a la obra con la reparación.
Ya instalado otra vez en mi ciudad, me dedico a retomar el ritmo de trabajo, y por supuesto la publicación de este blog.

Aquí les sirvo (por fín) las imágenes editadas de fragmentos de mi colaboración en la obra LITORAL, que por cierto vió cancelada la posibilidad de volver a escena en el teatro Helénico este año como estaba programado. Creo que para los que no lo vieron, ésta es ya la única forma de mostrarles lo que fué ese trabajo.
Les dejo aquí también unos enlaces muy interesantes a varios sitios que nos hicieron reseñas de las dos temporadas pasadas:


Y por supuesto el video:
¡Que lo disfruten!

sábado, 5 de mayo de 2007

HANS CHRISTIAN OSTRØ: entre el arte, la vida, la intolerancia y la muerte

A Hans Christian Ostrø, lo conocí en el otoño de 1994 en Oslo. Yo había llegado meses antes a vivír a Noruega, corriendo con la suerte de integrarme en poco tiempo a un grupo de teatro que formaba parte de un proyecto para actores desempleados, llamado Springbret (trampolín). Dentro de este grupo se podían encontrar desde personas que se iniciaban en el arte de actuar, hasta profesionales de la escena que (como en muchas partes) se encontraban desempleados, así como inmigrantes (Danilo Ivanovich y yo) que iniciabamos una andadura teatral en Escandinavia.

Uno de los compañeros de aquel grupo -ahora casi mi hermano-, Harald Kolaas, formaba parte a su vez del grupo Grusomhetens Teater (Teatro de la Crueldad), dirigido por Lars Øynø. Un grupo dedicado a la experimentación inspirada en las teorías de Antonin Artaud. Se habían reunido años atrás, teniendo una de sus apariciones públicas más brillantes durante el programa de actividades culturales organizado con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno, Lillehammer 1994. Varios de ellos llevaban un tiempo juntos en la búsqueda de una expresión propia, basada en la exploración del cuerpo y sus posibilidades expresivas con herramientas como la biomecánica y el llamado "teatro físico". Uno de esos jóvenes entusiastas y aguerridos era Hans Christian.

Aquel otoño, en el proyecto Springbret, también llamado Teater È, trabajabamos en una particular versión de Antígona, basada en una adaptación antigua del nynorsk (primer intento de lengua noruega con un carácter nacional). Para mí resultaba difícil, pero divertido a la vez, ya que no conseguía aún hablar el idioma coloquial (bokmål) y ya estaba actuando en nynorsk. Mis compañeros me ayudaron a comprender los contenidos del texto y creo que conseguí hacer mi parte como miembro del coro con bastante dignidad. Estrenamos en la Biblioteca Central, en la sala de conferencias, que tenía un estílo neoclásico bastante sobrio que contribuía en mucho a la propuesta de nuestra directora Bente Lavik. Una tarde, durante la representación, pude observar en las gradas a un par de jóvenes con grandes sombreros al estilo "sombrerero loco" de Alicia en el País de las Maravillas. Parecían divertirse, pero no de lo que acontecía en el escenario... sino del trabajo de los actores. Tiempo después, mi carnal Harald, me contó que sus amigos de Grusomhetens Teater habían asistido a la función. No se bien si uno de ellos era Trond Sørlundsengen, pero si estoy seguro de que el otro era Hans Christian. Había escuchado tanto de aquel mítico grupo, que no pude evitar preguntarle a Harald sobre la opinión que tenían sus estrambóticos amigos de nuestra actuación. Mi ego dió una voltereta cuando Harald afirmó que mi trabajo era el que a Hans le había resultado más simple y sin gracia. Para aligerar mi contarariado gesto, Harald añadió que en realidad no les había resultado atractivo el montaje en general, ni siquiera su propia interpretación de Creonte, pues consideraban poco novedosa la propuesta toda de la veterana Lavik. Durante un tiempo estuve sin muchas ganas de encontrar a los amigos de mi amigo, pues la espina aquella punzaba como un clavo ardiente en el centro de mi maltratado orgullo.

Poco después tuve la oportunidad de ver las cosas de una manera diferente. Una tarde oscura de invierno asistimos a casa de Hans Christian, pues convocaba a sus amigos más cercanos a ver "una película magnífica". Me sorprendió ser invitado, pues no entendía que aquel chico de la "crítica ácida" me considerara uno de sus amigos cercanos. Después entendí la gran amistad que les unía a Harald y a él, y que por consiguiente, los amigos de este eran los amigos de aquél. Mi sorpresa fue grande cuando descubrí que la "magnífica película" era ni más ni menos que Santa Sangre de Alejandro Jodorowsky, rodada en México. Hans Christian adoraba el filme, y reunía a varios de sus amigos de vez en cuando para volver a verla, ya que nunca dejaba de asombrarlos y conmocionarlos. En aquella época, no existían las descargas por internet ni la abundante industria pirata que hoy por hoy nos permite obtener las cosas más extrañas de una forma relativamente fácil. Creo que habían conseguido el casette VHS de un distribuidor muy especializado en películas exóticas y de culto, que la había traído de Inglaterra bajo pedido expreso de Hans Christian. El caso es que yo estaba ahí, pues estos "fans" de Jodorowsky esperaban que yo, como mexicano, aportara algunas claves para comprender ciertas partes de la película, que sin duda, para un noruego resultaban más que misteriosas. Menudo chasco se llevaron cuando mi única aportación consistió en reconocer algunos lugares y actores de la película. Y es que ¡cómo traducir a Jodorowsky con la cabeza!. Ellos se sentían irremediablemente encantados por la mágia visceral del filme, que puede ser tan universal como se quiera. Creo que el cine de este loco genial puede gustarte o no, pero nunca te dejará indiferente.

Con o sin película, el encuentro fué entrañable. Yo me sentía contento de haber sido aceptado en el círculo de estos jóvenes artístas que buscaban más allá de los limitados patrones estéticos del teatro de su país. Siempre estaban hablando de cosas interesantes y ambiciosas, críticas, irreverentes. Recuerdo que Hans Christian hablaba con pasión de la India y su cultura. En un gesto de generosidad, tan típico de él, nos dió una demostración de masaje oriental con los piés. Cada uno fué pasando, tumbado boca abajo a recibir el masaje que con esmero, paciencia y delicadeza nos entregó a cada uno mientras explicaba la técnica y los detalles energéticos de dicha acción sobre nuestros cuerpos. En un estado de alegría general partimos a seguir la reunión por los bares de la ciudad. Después he pensado que aquello le debe haber llenado de alegría, pues disfrutaba haciendo sentir bien a la gente que tenía cerca. La velada fué muy especial para mí, pues la tropilla de amigos se fué dispersando por aquí y por allá, quedando al final solamente Hans Christian, Harald, mi ex-esposa Karine y yo. Fuímos a recalar en un bar del barrio de Grønnland del cual no recuerdo el nombre, pero que como atracción más importante, contaba con aparatos telefónicos antiguos en cada mesa. Lo más gracioso era que se podían marcar los números de las otras mesas y establecer así charlas con los vecinos. Nos divertimos como enanos charlando de mesa a mesa y buscando las conexiones más alocadas en extremos distantes entre sí por todo el lugar. Esa noche pude aclarar mis dudas sobre mi trabajo en Antigone, tan rudamente criticado por Hans en meses anteriores. Me dijo que en realidad mi trabajo era el que le había resultado más atractivo, pero que le daba rabia sentir que Harald y yo desperdiciaramos talento y tiempo en proyectos que el consideraba pequeños. Me pidió que lo disculpara y me invitó a que trabajaramos juntos en cuanto fuese posible.

Esa noche nos contó que tenía pensado partir a la India, alentado por su amigo Tom Fjordefalk, para estudiar danza Kathakali. A su regreso deseaba invitar a un grupo de artistas escénicos para continuar desarrollando lo aprendido y explorar en conjunto nuevas formas de expresión para revitalizar el rancio teatro noruego. Por supuesto estabamos invitados. Una muestra más de su generosidad.

Pasaron los meses y fueron contadas las ocasiones que tuvimos para reencontranos, pero cada momento, por breve que fuera y por poco que yo logro recordar, debe haber sido gozoso, pues si sé que me resultaba admirable su forma de conducirse con los demás, ya que contaba con el don de irradiar su simpatía por todas partes. Seguramente, ahora que escribo, pesan más las charlas con Harald que los momentos reales en que compartí con Hans Christian, pero tengo la sensación de haberlo conocido profundamente en esos breves días en que pudímos charlar. Su mirada inquietante y su sonrisa un poco torcida que parecía insinuar que la vida es una gran broma nunca se borrarán de mi memoria.

Un caluroso día de julio del 95. Karine y yo volvíamos de un maravilloso viaje por la República Checa. Las vacaciones más agradables de mi vida, a pesar de que -irónicamente- marcaban el final de nuestra relación de pareja. Karine bajó al jardín trasero con nuestro gato Jens, que, harto del encierro, daba volteretas enloquecido en los prados exuberantemente reverdecidos después de un crudo invierno. Yo me disponía a deshecer la maleta en el salón, frente al televisor que daba las noticias del día. De pronto una cara familiar llenó la pantalla. Los mismos ojos centelleantes se miraban cansados, y aquella risa un poco torcida brindaba su última imágen conocida. En off se escuchaba la serena voz de Hans Christian desde un maltratado audiocasette: "...apelo especialmente a la oficina de turismo, porque todos allí me dijeron que este lugar era seguro. Un oficial incluso me dio su tarjeta y dijo que podría llamarlo si había un problema. Bien Sr. Naseer, ahora le estoy llamando ..."

Hans Christian había sido secuestrado por la guerrilla en Cahemira, India... Fué la última vez que escuché su voz.
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En la sección VIDEOS podrás encontrar imágenes sobre Hans Christian durante su último viaje en vida, emitidas por la televisión noruega (NRK) en 1996.

jueves, 19 de abril de 2007

INICIAR UN BLOG

Hoy inicio este blog, ante la ya innegable obviedad de que el ciberespacio nos concierne a todos. Pretendo tener un lugar desde donde compartir ideas, puntos de vista y reflexiones no solo de la "vida en el arte", sino de la vida misma (la realidad supera la ficción)

Espero contar con tiempo suficiente para ir actualizando este "diario"...

Ahora se me viene una idea antigua respecto a esto: Siempre he pensado que los diarios tradicionales, los diarios "intimos", esconden en sí la paradoja de ser eso, intimos, cuando en realidad, lo que escribimos en ellos busca ser, de una u otra forma, leído, compartido, comentado. ¿Para que hacer un diario que nadie leerá?. En el fondo subyace el deseo velado de que alguien lo encuentre y sepa quienes somos en la intimidad con nosotros mismos. Sin embargo, guardamos los diarios como reliquias, alentando algunos el oculto deseo egocéntrico de pasar a la posteridad cuando, ya muertos, alguien al fin descubra en sus páginas lo maravillosos y terribles que fuimos en vida...

Vaya un aplauso pues para l@s inventor@s del blog. Espacios públicos para vernos reflejados en el otro.