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martes, 19 de junio de 2007

De Bilogías y Voluntades

Despertar sudando

posar la planta

alzar los ojos

y babear

___________________

Defecar mirando al techo

orinar mirando al mar

Corre el agua por mi piel

no conozco al del espejo

________________

INGERIR

DEGLUTIR

DIGERIR

DEFECAR (otra vez)

__________SOLO

MOJAR

SECAR

VESTIR

PERFUMAR

_________SOLO

SALIR

CAMINAR

perder el rumbo

RECAER

EYACULAR

LLORAR

________SOLO

SECAR

MOQUEAR

LIMPIAR

LAMENTAR

_________SOLO

REVIVIR

ACEPTAR

REVESTIR

ACORAZAR

y volver a andar

_____CAMINAR

________CAMINAR

__________CAMINAR

POR SIGLOS

_______ (SOLO)

y vivír

CONTENTO

-------PERO

--------INEXORABLE

-------------BRUTO

---------------CANSADO

-------------------Y SOLO

SIEMPRE SOLO


sábado, 16 de junio de 2007

SE ESTUVO TAN BIEN AHÍ


Como ya "sabéis", estoy en Madrid desde el lunes pasado. Recién cumplidos los 36 años -lteralmente, en el aire-, llegaba yo a esta tierra llena de asombros de todos los colores. Aquí guardo muchos afectos. Entre ellos, el poeta, director, actor y amigo Alejandro Aura, que precisamente el día 12 presentaba su libro SE ESTÁ TAN BIEN AQUÍ dentro de la colección mexicana Calamus, publicada por Amigos de Editorial Calamus y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en el Instituto Cervantes de Madrid.
Desde que salía del aeropuerto Benito Juárez, en D.F., sabía que la primera actividad cultural a la que asistiría en estas vacaciones en España sería ésta. Isabel se animó a acompañarme, y mientras la esperaba en la puerta del Cervantes en la calle de Alcalá, veo acercarse a un antiguo conocido... "¡Qué alegría Kico, pero si hacia cási tres años que no te veía!". Adentro, más caras familiares me hicieron remover los archivos de la memoria y los afectos. El poeta Tomás Segovia y su compañera Ma. Luisa Capella, siempre tan cariñosos; Enríque y Alejandro Krauss, recién aterrizados como yo; Milagros, que no salía de su asombro al verme por ahí... Era como si simplemente no hubieran pasado los años ni tantas cosas se hubieran transformado desde que volví a México hace más de dos años.

Y ahí estaba Alejandro, del lado izquierda-público, derecha-actor de la mesa mirando con risueña sonrisa a los que, espectántes también le mirábamos. No pude evitar recordar la primera vez que me senté a su lado para leer en público en el año 2001. Él había sido nombrado poco tiempo atrás director del Intituto de México en España, organismo oficial de representación de la cultura y las artes de nuestro país en el extranjero . Alejandro había estado antes como director del Instituto de Cultura del Distrito Federal, dónde promovió, entre muchas otras iniciativas, los "libroclubes" (clubes de lectores que se formaban en los barrios con donaciones de volúmenes, en donde se hacían lecturas en voz alta y otras actividades encaminadas a fomentar el gusto por los libros). Alejandro mismo participaba en un club llamado "Las Auras", donde, acompañado a veces de otros amigos leía de todo y para todos. Ahora recuerdo haber sido testigo asombrado hace años de como, en Madrid, Alejandro, en un despliegue de virtuosismo, leyó (o debiera decir "interpretó") en dos jornadas inolvidables la obra "Los Empeños de una Casa" de Sor Juana ¡¡¡el soliiito, tú!!!... Todos los personajes del divertido enredo de nuestro Siglo de Oro Mexicano desfilaron por la voz, cara y manos del Alejandro actor-lector que nos mantenía atentísimos y a veces partidos de risa en nuestras sillas.

SE ESTÁ TAN BIEN AQUÍ, era el "tercero de la tarde", así que escuchamos con atención las presentaciones que le precedían: "De madrugada, entre la sombra, el viento", de José-Miguel Ullán y "Mi vida con la perra" de Francisco Hernández. Pero debo confesar que por momentos me distraje, hojeando SE ESTÁ TAN BIEN AQUÍ, que Kico le había pasado a Isabel y al que yo me apunté tercero para degustar, aún antes de ser leídas por su autor, algunas líneas. Un Aura, entrañable y sencillo, diáfano, directo (pero no por eso falto de ternura en lo cotidiano), volvió a emocionarme desde el papel cómo el noviembre pasado, en que nos dio un adelanto del libro en la inauguración de una biblioteca con su nombre en México, D.F. Pero ya me urgía escucharle de viva voz recitar su propia poesía, así que no leí más, para recibirla otra vez frente a frente, de boca a oído, de manos a ojos, de asombro a asombro. Julio Trujillo hizo una bellísima presentación de Alejandro y su libro, que merece la pena leer. Aquí les dejo el link para que la miren:
En un momento de su intervención, Trujillo confesó su afición por el blog de Alejandro, sacando un rollo de cartulina que extendió sobre su cabeza, con el nombre bien clarito: http://alejandroaura.blogspot.com
Me encantó el detalle, pues quitó la solemnidad que, un poquito, comenzaba a aposentarse sobre mi cabeza.
Ahí, que me emociono, justo antes del inicio de la intervención de Ale... y que pienso "esto, ya que estamos, va por supuesto para el blog" y que me acerco, según yo discretamente, a hacer una foto por el lado donde estaba Alejandro... pero me pilló... justo cuando hacía "click" (y eso que desactivé el flash para no ser "cantoso") Se giró hacia mi con amplia sonrísa y dijo "¡llegaastee!" y yo (por dentro) "¡tragame tierra!" Me debo haber puesto de mil colores, pero fue "peor" cuando un segundo después Alejandro explicaba: "Éste es Marcelo Galván. Es de los que les dices la hora y el lugar y te contestan `Estoy en otro continente, pero si puedo llego´ ¡Y llega!. Gracias por estar aquí". Y yo turbado, pero muy emocionado por el cariño de Alejandro hacia un servidor, hecho evidente en tan "bancario lugar" -como él mismo llamó al recinto donde estabamos-: "Gracias a tí".

Y no puedo dejar de decir "gracias", pues la lectura de Alejandro, el libro, las palabras mismas de su autor y la forma en que las dice, son todavía, -días después- un bálsamo de gusto por la vida y regocijo en el recuerdo de esos dos breves encuentros que tanto en D.F. como en Madrid he vivído. Ayer, en su blog, mencionaba la anécdota con entusiasmo; lo cuál me halaga y me conmueve. Desde aquí, en Madrid, donde también se está tan bien, vaya un abrazo emocionado y un homenaje a Alejandro Aura y su nuevo libro.

No se pierdan SE ESTÁ TAN BIEN AQUÍ. Alejandro nos dice que los interesados en España, pueden dirigirse a la librería Hiperión, porque ahí le dijo Ernesto Lumbreras, el editor responsable, que había dejado ejemplares para su venta.

¡Vale mucho la pena!

jueves, 14 de junio de 2007

Un "Golum" latino en el METRO DE MADRID


Hace tres días (justo cerrando mis primeras 36 vueltas al sol), llegaba una vez más a Madrid. Embargado por cierto nerviosismo, después de recibir las noticias sobre los nuevos requisitos para entrar a España para los no comunitarios. Tras el trámite acostumbrado en migración, fuí abordado por un agente vestido de paisano que me solicitó los papeles e hizo algunas preguntas. Yo nervioso, mientras él, bastante relajado y majete, revisaba la improvisada y urgente "carta invitación" que Isabel me envió, el pasaporte y las tarjetas, dejando escapar una furtiva y pícara miradilla a una chica que pasaba (lo cuál agradecí, pues así distrajo su mirada de mi cara, que seguramente sería de pánico en aquel momento)
Afuera me esperaba Isa, enfundada en un hermoso y veraniego vestido verde limón que hacía resaltar la belleza de sus ojos. Aún sin digerir del todo que estabamos de pronto los dos aquí otra vez, partí jubiloso en su compañía. Decidimos tomar el metro. Yo le hablaba sobre lo sabroso que es estar en Madrid, una ciudad donde puedes andar a las tantas de la noche por las calles, trasnochar, subir, bajar, ir y venir sin preocuparte demasiado por cási nada... De pronto sentí un movimiento extraño en el bolsillo derecho del pantalón. Llevé mi mano y ¡oh, sorpresa!, encontré un par de deditos que sintiendose ágiles e invisibles intentaban sustraer mi cartera y los escasos euros que ahí llevaba. No pensé ni un segundo, instintivamente "pillé" el par de apéndices infractores que se ocultaban entre la tela de una chaqueta que burdamente los disfrazaba. Me vino el recuerdo de una situación similar, en D.F., donde conseguí retorcer los dedos del ladrón hasta hacerlo gritar. Al instante tuve una sensación increiblemente similar a la de entonces, una especie de "deja-vu" vivído en todo el cuerpo y la consciencia simultaneamente. Me llené de una decisión y una energía bastante inusuales (pues aunque el tópico obligue a lo contrario, soy en efecto un actor bastante tímido, inseguro y dudoso cuando no estoy en el escenario). Con voz firme y decidida dije algo así como: "¿A dónde vas, amigo?", a lo que el aludido respondió con una mal fingida cara de ingenuidad. No recuerdo que me contestó, pero si sé que era un balbuceo nervioso y bajo negando mi acusación. La forma en que lo dijo, fué para mí la confirmación de que intentaba robarme. Tal vez sea deformación profesional, pero tiendo a poner más atención en el "cómo" se dicen las cosas que en el "qué". El hombre quedó al descubierto ante mí con su involuntaria confesión. Tristemente, descubrí que no era español; y aunque habló bastante bajo, pude darme cuenta que se trataba de un latinoamericano. Confieso que me llené de rabia. Con voz en cuello afirmé que aquél hombre estaba intentando sacarme la cartera para que todo el vagón se enterara. Llegabamos a una estación, y el sujeto no atinó a hacer más que encojerse en un gesto muy parecido al de "Golum" y salir avergonzado y rabioso del tren.

Isabel y yo nos quedamos de una pieza. Yo hacía esfuerzos por controlar el inminente temblor que me venía tras el golpe de adrenalina. Una mujer sonreía con cara de "¡jo, que cosas se ven por ahí!" y el convoy reanudaba su marcha.

A la distancia reflexiono sobre lo acontecido y no puedo dejar de pensar en lo irónico de la vida. Yo me sentía incómodo por las exigencias legales para entrar a España, y a los pocos minutos de haber sido "interrogado" en Barajas, un latinoamericano intentaba robar a otro latinoamericano, confirmando que por comportarnos así no somos de fiar a los ojos de las autoridades migratorias. Verguenza y desconcierto para mí

Éste hombre, al que no supe ubicar por su acento (¿argentino?, ¿uruguayo?, ¿ecuatoriano mestizo ó colombiano?) no sé de dónde habrá pensado que yo venía... desde luego, no supo que era "chilango". O nunca a vivído en México, o nunca a robado en el metro de allá. Porque, desde luego, no contaba con que los "deefeños" vivímos muy alertas de los ladronzuelos que hay por todas partes y sabemos identificarlos cási siempre.